Team building para empresas: mucho más que jugar y pasarlo bien

Grupo de participantes conversando durante una dinámica de team building organizada por BEVOL.

En uno de los team buildings que organizamos el año pasado, tuvimos la oportunidad de reunir a unas 70 personas de una misma empresa. Y, curiosamente, cuando pienso en aquel día, lo primero que me viene a la cabeza no son las canicas, los circuitos que construimos ni todo el material que habíamos preparado.

Lo primero que recuerdo es ver llegar a tanta gente a la vez. Personas que venían con ganas de reencontrarse, de celebrar, de cerrar el año juntas. Personas que habían hecho un hueco en sus agendas para estar allí, para compartir unas horas diferentes con sus compañeros y compañeras.

Recuerdo sentirme profundamente agradecida de formar parte de aquel momento.

Habíamos preparado una experiencia en la que, por equipos, tenían que construir circuitos de canicas, resolver pequeños retos, negociar materiales y colaborar para conseguir que aquello funcionara. Sobre el papel parecía sencillo, pero una cosa es diseñar una actividad y otra muy distinta es ver qué sucede cuando las personas empiezan a vivirla.

Y ahí llegó una de las sorpresas más bonitas de aquella jornada: lo muchísimo que se implicaron.

Se metieron de lleno en el juego. Experimentaron, construyeron, probaron, se rieron y disfrutaron. Me sorprendió especialmente esa facilidad para entregarse a la experiencia, sin importar demasiado el puesto que ocuparan o las responsabilidades que tuvieran al volver a la oficina.

Y pensé en algo que a veces se nos olvida cuando hablamos de equipos: no todo tiene que empezar por un problema que resolver.

A veces también necesitamos crear espacios para disfrutar de estar juntos.

Participantes en una dinámica de team building para empresas facilitada por BEVOL, trabajando la comunicación y la cohesión de equipos.
Experiencia de team building organizada por BEVOL, donde los participantes comparten una dinámica grupal para fomentar la conexión, la comunicación y el trabajo en equipo.

Lo que sucede cuando dejamos de trabajar como siempre

Cuando hablamos de actividades de team building para empresas, es fácil pensar en juegos, retos, competiciones o dinámicas divertidas. Y sí, todo eso forma parte de la experiencia. Pero hay algo que me interesa especialmente de estos encuentros: la posibilidad de relacionarnos de una manera diferente.

En nuestro día a día solemos encontrarnos con las mismas personas para resolver los mismos tipos de asuntos. Nos reunimos para tomar decisiones, solucionar problemas, gestionar imprevistos o avanzar con los objetivos. Y, sin darnos cuenta, podemos terminar relacionándonos casi exclusivamente desde nuestras funciones.

En una actividad como la de las canicas, ese contexto cambia. De repente hay que construir algo que no sabemos muy bien cómo va a salir. Tenemos materiales limitados, ideas diferentes y un reto compartido. Necesitamos escuchar, probar, negociar, equivocarnos y volver a empezar.

Y lo hacemos jugando.

No significa que por construir un circuito de canicas vayamos a solucionar todos los problemas de comunicación de una empresa. Ojalá fuera tan sencillo.

Pero sí podemos crear un espacio en el que las personas compartan una experiencia distinta, se conozcan desde otro lugar y descubran nuevas formas de colaborar.

Esta forma de entender los equipos también está presente en nuestros acompañamientos más largos. Por ejemplo, en el caso de Espais de Fusta Comas, donde trabajamos para que las personas pudieran relacionarse, decidir y asumir responsabilidades de una forma diferente.

Evidentemente, una jornada de team building y un proceso de transformación organizativa no tienen el mismo alcance. Pero ambos parten de algo que para nosotros es fundamental: la manera en la que nos relacionamos condiciona la manera en la que trabajamos.

De 70 personas jugando a un equipo pequeño mirando hacia atrás

No todos los equipos necesitan lo mismo. Ni todos los encuentros tienen por qué ser grandes eventos.

En BEVOL también acompañamos a equipos más pequeños en experiencias de cierre de año o de ciclo. Una de ellas fue con Temps Lliure Projectes, a quienes propusimos algo bastante diferente a construir circuitos de canicas.

Esta vez, el punto de partida era mirar hacia atrás. Recorrer juntos lo vivido durante el año. Recordar los momentos importantes, reconocer los logros, dar espacio a las dificultades, agradecer las contribuciones de las personas y recoger aprendizajes.

A priori, puede parecer una actividad sencilla. Incluso algo que podríamos hacer en cualquier reunión.

Pero ¿cuántas veces nos damos realmente ese tiempo?

Ramón fue quien facilitó aquella jornada y, cuando me contó cómo había ido, hubo algo que me llamó especialmente la atención.

El impacto de mirar hacia atrás había sido mucho mayor de lo que el propio equipo esperaba.

No imaginaban que detenerse a recuperar lo vivido, recordar lo que habían atravesado juntos y poner palabras a sus aprendizajes pudiera ayudarles tanto a pensar en lo que querían construir el año siguiente.

Y eso me parece precioso.

Porque muchas veces terminamos el año con la cabeza puesta en lo que viene. Los nuevos objetivos, los proyectos pendientes, las mejoras que queremos introducir, los resultados que tenemos que conseguir. Pasamos de una etapa a otra casi sin darnos cuenta.

Y nos olvidamos de algo importante: antes de decidir hacia dónde queremos ir, puede ayudarnos mucho comprender de dónde venimos.

Para aquel equipo, según nos compartieron, la experiencia fue una especie de punto y aparte. Una oportunidad de darle sentido al camino recorrido y comenzar el siguiente ciclo con otra perspectiva.

No deja de sorprenderme cuánto puede aportar algo aparentemente tan sencillo como detenernos y escucharnos.

Grupo de participantes conversando durante una dinámica de team building organizada por BEVOL.
Grupo de participantes conversando durante una dinámica de team building organizada por BEVOL.

Organizar un team building no consiste únicamente en preparar actividades

Hay una parte de nuestro trabajo que no siempre se ve cuando alguien participa en una de estas jornadas.

Antes de que lleguen las personas, antes de que aparezcan las canicas, las tarjetas o las dinámicas, hay conversaciones, preguntas y decisiones.

Cuando una empresa nos contacta para organizar un team building, lo primero que intentamos comprender es qué necesita realmente ese equipo.

Porque no es lo mismo querer reunir a personas que trabajan en departamentos diferentes y apenas tienen oportunidades de encontrarse que acompañar a un equipo que acaba de atravesar un año especialmente intenso. Tampoco es lo mismo celebrar un logro colectivo que necesitar recuperar la confianza, mejorar la comunicación o prepararse para una nueva etapa.

A veces la mejor propuesta será una actividad dinámica, divertida, que invite a colaborar y a salir de la rutina. Otras veces será un espacio más tranquilo, donde parar, conversar, reconocerse y construir una mirada compartida. Y muchas veces será una combinación de ambas.

Para mí, la clave está en que la experiencia tenga sentido para las personas que van a vivirla, no simplemente en encontrar una actividad original.

Por eso, aunque el juego ocupa un lugar importante en nuestros talleres, también lo ocupan la escucha, la reflexión, el reconocimiento y la facilitación de conversaciones.

No queremos que las personas se lleven únicamente un buen recuerdo. Nos gusta que puedan llevarse también alguna pregunta, un aprendizaje o una manera diferente de mirar a su equipo.

Es algo que intentamos cuidar en cada una de las experiencias que diseñamos desde nuestros talleres y formaciones para empresas.

¿Y si cerrar el año fuera algo más que una comida de empresa?

Con noviembre ya empezado, muchas empresas están organizando sus comidas y cenas de Navidad, sus jornadas de equipo o sus encuentros de final de año.

Y me encanta que existan esos momentos. Compartir una mesa, conversar sin prisas y celebrar juntos también es importante. Mucho.

Pero pienso que podemos aprovecharlos para algo más.

No hace falta elegir entre reflexionar y pasarlo bien. Podemos crear experiencias donde haya espacio para las dos cosas.

Unas horas para reconocer lo que hemos conseguido, recordar lo que nos ha costado, agradecer a las personas con las que compartimos el camino y recuperar esas ganas de seguir construyendo juntos.

En BEVOL hemos diseñado experiencias de team building para grupos grandes, como nuestra dinámica de Canicas Locas, y talleres más íntimos de cierre de año, como Cerrar para impulsar, pensado para equipos de entre 5 y 15 personas.

Este último combina dinámicas de conexión, reflexión colectiva, reconocimiento y una mirada hacia el siguiente ciclo.

Además, cuando se diseña como una acción formativa orientada al desarrollo de competencias profesionales y cumple los requisitos correspondientes, puede acogerse a la formación bonificada a través de FUNDAE. La bonificación dependerá del crédito disponible, los costes y las condiciones de cada empresa.

Pero, más allá del formato, de las horas o del número de participantes, lo que buscamos es que ese encuentro responda a una necesidad real del equipo.

Lo que me llevo de estas experiencias

Si pienso en aquellas 70 personas jugando con canicas, sigo viendo sus ganas de participar, de compartir y de disfrutar juntas. Recuerdo la ilusión de recibirlas y el agradecimiento que sentí por poder formar parte de aquel encuentro.

Y cuando pienso en el taller que facilitó Ramón, me quedo con esa sorpresa que vivió el equipo al descubrir cuánto les ayudaba mirar hacia atrás para decidir cómo querían avanzar.

Son experiencias muy diferentes, pero ambas me recuerdan algo que considero importante.

Los equipos también necesitan tiempo para ser equipos.

Tiempo que no esté dedicado exclusivamente a producir, resolver, decidir o llegar al siguiente objetivo. Tiempo para encontrarse, jugar, conversar, agradecer y reconocerse.

Y quizá lo más bonito de organizar estas jornadas sea precisamente eso: crear las condiciones para que las personas puedan disfrutar de estar juntas y darle valor a lo que comparten.

Porque a veces, entre tantos objetivos, reuniones y responsabilidades, se nos olvida que trabajar juntos también debería dejarnos momentos que merezca la pena recordar.

Y de eso también va hacer equipo.


¿Y vuestro equipo, cómo quiere cerrar el año?

Si estáis pensando en organizar una jornada de team building, una experiencia de cohesión o un encuentro para cerrar el año de una forma diferente, en BEVOL podemos ayudaros a diseñarlo.

Desde grandes jornadas colaborativas hasta talleres de reflexión y celebración para equipos pequeños.

Hablemos de lo que necesita vuestro equipo.

Porque a veces, para empezar un nuevo ciclo con ganas, lo primero que necesitamos es celebrar todo lo que nos ha traído hasta aquí.

Menos DRAMA y más CONFETI.

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